Otoño en pleno apogeo: los días son más cortos, las hojas de los árboles tornan a colores amarillos y rojizos y muchas ya descansan en el suelo. Noviembre es uno de los meses más apetecibles para hacer la compra, con los productos de temporada bien señalados. Las fruterías empiezan a recibir buenos cítricos nacionales, como naranjas y limones; crucíferas en pleno esplendor; y castañas y nueces, sinónimo de hogar. “Es uno de los grandes meses para consumir verduras y frutas frescas”, señala José López, de la frutería Ocaña, en Valdebernardo (Madrid), mientras muestra las dos variedades de caqui que se pueden consumir: el clásico, maduro, con una pulpa blanda y dulce que se toma con cuchara; y el persimón, perteneciente a la misma variedad, la Rojo Brillante (Diospyros kaki), pero recolectado con menor grado de maduración y tratado para eliminar la astringencia, por lo que puede comerse a mordiscos o en gajos. Cerca tiene también mandarinas clementinas, poco ácidas, fáciles de pelar, con pocas semillas y muy dulces.
La pera conferencia, de forma piriforme alargada y contornos bastante regulares, con piel gruesa de color verde amarillento y carne blanco-amarillenta, jugosa y dulce, con un ligero punto ácido, sigue estando en su mejor momento. También lucen rotundas y rosadas las granadas. Entre las más reconocidas se encuentran las de la DOP Granada Mollar de Elche, cuyos granos rojos, de sabor ligeramente agridulce, convierten a esta fruta en una de las más atractivas del otoño, además de un ingrediente habitual en guarniciones y ensaladas.
Es una oportunidad, además, para disfrutar de uno de los mejores mangos que se cultivan en Málaga, sobre todo en la comarca de la Axarquía: la variedad Sensación, con un color que va del púrpura al rojo, pasando por el naranja y el amarillo; una pulpa amarilla, fina, tersa y jugosa, sin apenas fibras; y un sabor refrescante y dulce. “A este mango le queda poco; luego llegarán otros que también son buenos, pero diferentes”, apunta López.
En cuanto a las verduras, es la gran temporada de las crucíferas, también llamadas brasicáceas, pertenecientes a la familia de las Brassicaceae, entre las que se encuentran la col, el repollo, el brócoli, la lombarda, el colinabo, la coliflor, el grelo, el romanesco (conocido también como col marciana) y las coles de Bruselas. Es cierto que la estacionalidad de este grupo se ha diluido, ya que puede encontrarse en las fruterías durante todo el año, pero lo cierto es que su mejor momento viene marcado por el frío, el otoño y el invierno. También es buen momento para hacerse con unas berzas o unos grelos nacionales, que ya empiezan a aparecer en los mercados para enriquecer caldos y potajes.
Noviembre es el mejor mes para pararse frente a la pescadería y hacer cálculos. Los pescados azules ya han migrado hacia aguas más profundas y cálidas, y le toca el turno al marisco y a los pescados blancos y de roca. “El pescado pequeño, el azul, es del verano; los grandes son de esta época. Ahora hay buen rape, merluza, mero, lenguado y empiezan a llegar buenos besugos”, señala Javier Soto, propietario de la pescadería Capitán Galerna, en Moratalaz. Pero, si algo destaca este pescadero de noviembre, es la oportunidad que brinda para aprovisionarse de pescado y marisco de cara a la Navidad. “Este mes hay nécoras, berberechos y almejas; enseguida empezará a haber buey de mar [la veda en el litoral gallego finaliza el 8 de noviembre], y ahora es cuando tienen mejor precio. En un mes se duplicará. La centolla gallega puede estar a 60 euros el kilo y en Navidad alcanzar los 120 euros debido a la demanda, ya que en esas fechas se consume más marisco”, señala Soto.
Lo mismo ocurre con la almeja babosa, una de las más exquisitas de las rías gallegas, cuyo precio puede pasar de los 50 euros el kilo a los 100. “Además, cada vez escasean más este tipo de productos, por lo que es mejor comprarlos ahora, también el pescado, y congelarlos para consumirlos más adelante”, aconseja el pescadero. Ofrece además un truco: el marisco de cáscara no debe descongelarse, sino echarse al agua hirviendo directamente desde el congelador. “De la otra manera, el bivalvo no se abre”.